¡Oh Reina de los ángeles y de los hombres,
Purísima Virgen María, la más bella, encantadora y tierna de todas las criaturas hechas por Dios!
En Vos no hubo doblez, ni odio, ni engaño, ni calumnia, ni injusticia de ninguna clase, porque Dios quería a su Madre el ser más perfecto, para que nosotros sus hijos, imitando su manera de vivir, lleguemos a ser como ella.
Te damos gracias, ya que por Vos hemos recobrado la amistad de Dios que perdieron nuestros primeros padres en el Paraíso Terrenal.
Te alabamos porque Dios te escogió para ser su Madre y Madre nuestra.
Bendita seas porque en tu vientre purísimo Dios se hizo hombre para estar muy cerca de nosotros y de nuestros problemas.
Te rogamos Purísima Señora que nos enseñes a conocer verdaderamente a tu Hijo Jesucristo; a profundizar su Palabra que apasiona grandemente a quienes con sinceridad la meditan y la ponen en práctica.
Haz Señora, que cada día aprendamos a comprender, amar y respetar y amar a nuestro prójimo, tu hijo.
Amén
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